Arrancamos con un
invitado de honor, especialista en... en... ser amigo de Nacho, en fútbol y
cosas de la vida!
Consigna:
cosas molestas de los colectivos.
Sintonía Fina: El impulso a los créditos a
la inversión. La difícil situación fiscal de la provincia de Buenos Aires
¡Cuando el Arte Ataque!
Artista de la semana: compartimos una
seguidilla de temas de Spinetta e hicimos una reseña de la película “La suerte
en tus manos”, las criticas no fueron muy buenas.
Deporte:
Trivia deportiva: ¿Cuando fue el debut de
Juan Roman Riquelme y contra quien en el fútbol profesional? Contra quien fue
su primer gol? cuál fue el resultado de ese partido?
El que conteste tiene premio. Obsequiamos un librazo.
El que conteste tiene premio. Obsequiamos un librazo.
Regalos especial de Nacho a los Bosteros:
Pero que gran corazon!
Eso fue todo! Este
Viernes imperdible decimo programa. No te olvides viernes a de 19 a 21!
Os dejo con el manifiesto que Spinetta:
“Rock: música dura. La suicidada por la
sociedad”.
Son tantos los matices que comprenden
la actitud creativa de la música local – entendiendo que en esa actitud existe
un compromiso con el momento cósmico humano– ,son tantos los pasos que
sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales como ser
mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún
sonido entre la maraña complaciente y sobremuda que:
EL QUE RECIBE DEBE COMPRENDER
DEFINITIVAMENTE QUE LOS PROYECTOS EN MATERIA DE ROCK ARGENTINO NACEN DE UN
INSTINTO.
Por lo tanto: el Rock no le
concierne a ciertas músicas que aparentemente INTUIDAS POR LAS NATURALEZAS DE
QUIENES LAS EJECUTAN siguen guardando una actitud paternalista, tradicional en
el sentido enfermo de la tradición, formulista, mitómana, y en la última
floración de esta contaminación, sencillamente “facha”.
Sólo en la muerte muere el
instinto.
Por lo tanto, si éste se
mantiene invariable, adjunto a la condición humana a la que necesitamos
modificar para reiluminarnos masivamente, quiere decir que tal instinto es la
vida.
El Rock no es solamente una
forma determinada de ritmo o melodía.
Es el impulso natural de
dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los
cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso.
El Rock muere sólo para
aquellos que intentaron siempre reemplazar ese instinto por expresiones de lo
superficial, por lo tanto lo que proviene de ellos sigue manteniendo
represiones, con lo cual sólo estimulan “EL CAMBIO” exterior y contrarrevolucionario.
Y no hay cambio posible entre
opciones que taponan la opción de la liberación interior.
El Rock no ha muerto. En
todo caso, cierta estereotipación en los gustos de los músicos debería
liberarse y alcanzar otra luz. El instinto muere en la muerte, repito. El Rock
es el instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso. Si se habla de
muerte se habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA.
Más vale que los rockeros,
cualesquiera sean sus tendencias (entre las cuales dentro de lo que se entiende
por instinto de Rock no hay mayores contradicciones) jamás se topen con los
personajes hijos de puta demonios colaterales del gran estupefaciente de la
represión que pretende conducirnos por el camino de la profesionalidad.
Porque en esa profesionalidad
se establece –y aquí entran a tallar todas las infinitas contusiones por las
que se debe pasar hasta llegar a dar un juego que contradice a la liberación,
que pudre el instinto, que modifica como un cáncer incontenible la piel
original de la idea creada hasta hacerla, en algunos casos, pasar a través de
un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo lenguaje abandona la
sustancia integral que el músico dispuso por instinto en su momento de crear, y
luego esa abortación está presente en los escenarios, en la afinación, hasta en
la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace posible verlo.
Tengo conciencia de que el
público ve esta debilidad y no se libera: sufre.
Luego esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.
El negocio del cual viven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y hombres creativos en general.
Luego esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.
El negocio del cual viven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y hombres creativos en general.
O sea, esta difamación de
proyectos sólo adquiere relieve en esa “ganancia” que representa haber
ejecutado el negocio, y solamente en ese nivel hay una aparente eficacia.
Es la parcialidad de
pretender que algo que es de todos termina en definidas cuentas en manos de
aquellos bastardos de siempre.
Este mal, por último rebote,
cae nuevamente en la nuca de los músicos, y los hace pelota.
Luego de participar del
juego, son muy pocos los que aun permanecen con fuerzas para impedir la trampa
al repetir una y otra vez el juego mediante el cual expresarse, o simplemente
arriesgar en el precipicio de la deformación un mensaje que por instintivo es
puro y debería llegar al que lo recibe tal cual nació.
Este juego pareciera ser el
único posible (hay mentalidades que nos fuerzan a que sea así).
Lo importante es que hay otros caminos.
Lo importante es que hay otros caminos.
Luego de haber caído tantas
veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva en la que se
cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos que pueden
seguir conservando ese instinto.
DENUNCIO SIN EL LIMITE DE LA
DENUNCIA
A LO QUE NO RECIBE DENUNCIA
A LO QUE LA DENUNCIA TRASPASA
A ALGO PEOR QUE LA DENUNCIA.
Denuncio a los representantes
y productores en general, y los merodeadores de éstos sin excepción, por
indefinición ideológica y especulación comercial.
Ya que estos no se
diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de sus
obreros.
O sea, por ser los engranajes
de un pensamiento de liberación a quienes no les interesa que toda la pieza se
mueva, dado que al producirse el más mínimo movimiento, serían los primeros en
auto reprimirse y dejarían por tanto de participar en la cosa.
Denuncio a ciertas
agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no libres, a
pesar de contar con el apoyo del público de mente libre.
Denuncio a otros grupos
musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la música amplia y
desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de otras músicas que
son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear ni sentir.
Denuncio a los tildadores de
lo extranjerizante, porque reprimen la información necesaria de músicas y
actitudes creativas que se dan en otras partes del planeta, y porque consideran
que los músicos argentinos no pueden identificarse con sentimientos hoy día
universales.
Además es de prever que si
estos señores desconocen que la Argentina provee a su música nuevos contenidos
nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza de una creación local apenas
florecida.
Denuncio a otras mentalidades
por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por
instintivo no puede morir antes de la vida misma.
Denuncio a las editoriales
“fachas” por distribuir información falsa en sí misma, y por deformar la
información verdadera para hacerla coincidir con las otras mentalidades a las
que denuncio.
Denuncio a los participantes
de toda forma de represión por represores y a la represión en sí por atañer a
la destrucción de la especie.
Denuncio finalmente a mi yo
enfermo por impedir que mi centro de energía esencial domine este lenguaje al
punto que provoque una total transformación en mí y en quien se acerque a esto.
El rock, música dura, cambia
y se modifica, en un instinto de transformación.
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